¿Y quién es Hedy Lamarr?

Hace mucho que no escribo sobre mujeres e informática (o a mi me lo parece). Así que aprovechando que mañana Jueves es la presentación en Palma de un movimiento llamado Mujeres que Marcan tocaba hacer algo al respecto. Y qué mejor que traer a escena a esta pedazo de señora llamada Hedy Lamarr.

Es posible que hayáis oído hablar de ella. Últimamente han salido bastantes reportajes en prensa e incluso documentales sobre su vida, pero hasta 2014 había pasado tremendamente desapercibida.

Hablando mal y pronto, sin Hedy Lamarr ni tú ni yo estaríamos tan conectados como estamos. Fue la coinventora de lo que se conoce como “espectro expandido” que permite las comunicaciones inalámbricas a larga distancia. Ahí donde la ves. Aún estaríamos usando los mapas físicos y no el maravilloso GPS. Ni el Bluetooth. Ni la Wifi.

Esta “cosa“ del espectro expandido es una técnica de modulación que se usa en las telecomunicaciones. Se emplea fundamentalmente en la transmisión de datos digitales y en radiofrecuencia. No pretendo darte la turra con esto, sólo quiero que sepas que es la forma que tenemos para conectarnos hoy en día vía Wifi.

Pero antes de ser la coinventora de este maravilloso invento, fue una diva de Hollywood. Ella protagonizó el primer desnudo integral del cine.

De niña superdotada…

Hedy Lamarr fue una niña superdotada. En 1930 a los 16 años, empezó a estudiar ingeniería pero lo dejó aparcado cuando descubrió el teatro. Le apasionó tanto que tres años más tarde de iniciar la carrera la dejó de lado por su otro amor, el cine.

En 1933 Hedy contaba con 19 años y protagoniza la secuencia por la que se hizo famosa y que a posteriori le trajo más de un problema: El primer desnudo integral en una película.

Era lo que hoy llamaríamos un pibón. Y verla corriendo por la campiña en bolingas… como para no hacerla famosa. Bueno eso, y que también hizo el primer orgasmo

A raíz de verla su película (Éxtasis), fue prometida en matrimonio a un industrial armamentístico. Lamentablemente aquí Hedy no tuvo nada que decir, ni sí ni no. Se casó de forma obligatoria en un matrimonio arreglado por sus padres. Ella misma definió ese matrimonio como esclavitud.

Ojo al detalle: en 1930 empieza ingeniería. En 1933 hace Éxtasis, el hombre este la ve corriendo por la campiña, arregla el matrimonio de sus padres y… se casa con ella a mediados de ese mismo año.

… a esclava

Fijaos cómo sería el marido que intenta hacerse con todos los ejemplares de la película. Como lo lees. Hedy sufrió en su matrimonio muchísimo. Fue encerrada en casa, sometida a un control férreo hasta el punto que tuvo que abandonar cualquier actividad, incluyendo su carrera cinematográfica.

En sus memorias, llega a decir que sólo podía bañarse o desnudarse cuando su marido estaba a su lado.

En los momentos de soledad que le deparaba el matrimonio, retoma sus estudios de ingeniería y se aprovecha de los clientes de su marido para conocer al detalle toda la tecnología armamentística de la época. Llega un momento en que… se harta… e idea un plan para huir de su “captor”.

Todo muy rocambolesco: una ventana de un baño, un coche que huye en la noche… los guardaespaldas del marido la persiguen… O eso es lo que se cuenta porque según su biografía, Hedy se limitó a dormir a la asistenta, vestirse con su ropa y salir por la puerta de casa subida a un tren destino París. Y de ahí a Londres y a Estados Unidos.

Es allí, donde vuelve a hacer películas y fue allí, donde conoce a quien sería el otro coinventor de la técnica de salto de frecuencias.

La segunda guerra mundial marca su destino

Hedy Lamarr se dejaba la piel en hacer lo que estuviera en su mano para que los nazis fueran derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Su marido había apoyado al ejercito alemán vendiéndole armas, así que podemos imaginar de dónde vienen sus sentimientos al respecto.

Conocía el gobierno de Hitler (su marido fue considerado ario honorario) y puso su conocimiento como ingeniera a disposición del National Inventors Council, pero como podéis imaginar, su oferta fue rechazada. Le dijeron que vendiera bonos. Que aprovechara su cara y vendiera bonos de guerra. Lo hizo. Pero no fue suficiente.

Hedy necesitaba hacer algo más. Así que se puso manos a la obra y se dedicó a estudiar las comunicaciones entre los barcos de la armada estadounidense para hacerlas invulnerables a los enemigos. Se dijo que podía construir un receptor y un emisor que fueran infranqueables… pero el problema estaba en la sincronización.

¿Casualidad?

Justo en ese momento, conoció a George Antheil en una cena. Era pianista y compositor y experto en sincronización… En 1923 había estrenado una obra en París donde usaba dos pianos, dieciséis pianolas sincronizadas, tres xilófonos, siete campanas eléctricas, tres hélices de avión y una sirena. La obra fue un rotundo fracaso, tanto en París como en Nueva York donde la estrenó a posteriori. Se habla de que llegaron a arrancarse butacas… vamos, que en aquel momento los hooligans estaban en la Ópera.

¿Habéis leído lo de las dieciséis pianolas sincronizadas, verdad? Justo lo que Hedy Lamarr buscaba.

Durante más de seis meses, junto a Hedy y a dos pianolas sincronizadas, encontraron un sistema para hacer que las comunicaciones cambiaran constantemente de frecuencia. Ya lo tenían.

Su invento pasó desapercibido

Como en el caso de Ada Byron, no fue hasta muchos años más tarde cuando se puso en práctica su descubrimiento. La patente es de 1942 y las esperanzas de Hedy y George estaban en ayudar a acabar con la guerra… pero no fue así.

En 1957 la empresa Silvania Electronics Systems Division desarrollaron la técnica de Lamarr-Antheil y en 1962 el Gobierno de EEUU empieza a utilizarla para las comunicaciones militares.

Stephen Michael Shearer, biógrafo de la actriz explica en su biografía que la no aplicación inmediata de este descubrimiento se debió a dos razones:

  • El gobierno no lo entendió.
  • Era un invento de una chica. Encima, una chica guapérrima. ¿Quién tomaba en serio a las mujeres en aquella época? Nadie. ¡Ya nos cuesta que nos tomen en serio ahora!

Cabría esperar un reconocimiento y dinero por el uso de la patente… pero no fue así. Cuando se empezó a utilizar, la patente ya había caducado.

En cualquier caso, como ella admite en su biografía, lo que más lamentó siempre es la falta de aprovechamiento de la técnica durante la Segunda Guerra Mundial.

Siguió protagonizado películas y siguió inventando. Llegó a declarar que inventar cosas era algo muy sencillo para ella. Dicen de ella que estaba mucho más orgullosa de sus inventos que de sus películas. Su vida de para una miniserie… al menos.

De nuevo como con Ada, no se reconoció su labor hasta mucho después de su muerte. Desde 2005 su cumpleaños está señalado como el Día del Inventor (en Austria, Suiza y Alemania) y en 2014, Lamarr y Antheil fueron incorporados al Inventors Hall of Fame de EE UU.

Por cierto, si queréis conocer más a fondo su invento, no dejéis de visitar esta web. La Wikipedia no le hace justicia.

Fuentes para la redacción de este artículo:

Muy Historia
Mujeres con ciencia
El País: Artículos de 2015 y 2017
Las fotos son de Wikipedia.

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